viernes, 1 de junio de 2012

BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR




Película: Blancanieves y la leyenda del cazador. Título original: Snow White and the huntsman. AKA: Blancanieves y el cazador. Dirección: Rupert SandersPaís: USAAño: 2012. Duración: 128 min. Género: Fantástico,acciónInterpretación: Kristen Stewart (Blancanieves), Charlize Theron  (reina Ravenna), Chris Hemsworth (Eric, el cazador), Sam Claflin (príncipe William), Bob Hoskins  (Muir), Toby Jones (Coll), Nick Frost (Nion), Ian McShane (Beith), Ray Winstone (Gort), Brian Gleeson (Gus). Guion: Evan Daugherty, John Lee Hancock y Hossein Amini; basada en una historia de Evan Daugherty. Producción: Sam Mercer y Joe Roth. Música: James Newton HowardFotografía: Greig Fraser. Montaje: Conrad Buff y Neil Smith. Diseño de producción: Dominic Watkins. Vestuario: Colleen Atwood.Distribuidora: Universal Pictures International Spain. Estreno en USA: 1 Junio 2012.Estreno en España: 1 Junio 2012. Calificación por edades: No recomendada a menores de 12 años.



En “Blancanieves y la leyenda del cazador”, Kristen Stewart encarna a la única mujer que supera en belleza a la malvada reina Ravenna, quien hará todo lo posible por seguir siendo la más bella del reino. Pero la malévola reina no podía imaginar que la muchacha que escapó de sus garras y que ahora amenaza su dominio ha aprendido a defenderse con la ayuda de Eric el Cazador y el príncipe William.


.....He echado también de menos el sentido del humor. No tiene. Ni una gota. Todo es trágico, siniestro, serio, y finalmente épico… Pero de humor nada de nada. Eso perjudica la creación de una química más directa, estilo guerra de sexos, entre el cazador y Blancanieves, algo que habría beneficiado un desarrollo más dinámico de la historia evitando la caída de ritmo que he mencionado antes. En lugar de eso, se plantea un extraño requiebro a la versión original del relato con el beso del príncipe que merced a un juego de miradas entre Blancanieves y el cazador deja en el aire en plan intriga si hay rollito o no entre ellos y haciéndome sospechar que se les ha pasado por la cabeza facturarse una secuela si el rendimiento en taquilla de ésta les convence.
En la manera de desenvolverse visualmente camino de su desenlace la película no duda en tirar de un recurso algo manido, el plano aéreo y paisajístico, buscando una especie de tono épico heredado de El señor de los anillos, con varios planos que recuerdan los paseos por la Tierra Media de la Hermandad del Anillo. Menos mal que consigue levantar otra vez el vuelo en la parte final, proponiéndonos el enfrentamiento definitivo entre la heroína y la villana, en una fase de la historia en la que ya ha quedado muy lejos el relato original y parece abrirse paso a otro tipo de historia que, si ustedes me lo permiten, me hace sospechar que caso de haber una secuela podría ser, con relativa facilidad, más interesante que esta primera película.

Porque el problema con Blancanieves u otro cualquier cuento infantil es que, nos gusten o no, nos los conocemos del derecho y del revés, lo cual reduce la posibilidad de sorprender, por novedosa que sea la versión.
He de reconocer que han sabido darle una personalidad propia a esta versión, proporcionándonos además numerosos momentos de acción trepidante y la oportunidad de ver a una Charlize Theron en plenitud, pero por otra parte creo que se les ha ido un poco de tiempo, me sobra el desvarío ecológicofestivo del ciervo, las hadas y la tortuga florero, y alguien debería decirle a Kristen Stewart que está mucho más guapa en cámara cerrando los labios en lugar de tener la boca abierta continuamente como si siguiera esperando que Edward Cullen venga a hacerle una visita. A la escena en de la muerte posterior a morder la manzana me remito.
Resumiendo: moderadamente entretenida, más aún en su trepidante primera parte que en la segunda, con un trío de cazador, Blancanieves y príncipe al que creo que podrían haberle sacado más jugo en el guión, porque los actores cumplen, si bien la parte del león en lo referido a lucimiento se la lleva Charlize Theron.(REVISTA ACCION).


A finales de los años ochenta, Milos Forman y Stephen Frears se acordaron a la vez, que ya es casualidad, de Choderlos de Laclos. En 1991, el legendario Robin Hood resucitó inesperadamente nada menos que en dos películas, una protagonizada por Kevin Costner, la otra por Patrick Bergin. Un año más tarde, con la excusa de los fastos del quinto centenario del descubrimiento de América, dos superproducciones sobre la figura de Colón asaltaron nuestros cines. Poco después, cuando ya casi habíamos olvidado el mítico duelo en O. K. Corral, dos westerns simultáneos rescataron a Wyatt Earp (Costner otra vez en la versión de Kasdan). Años más tarde, dos “biopics” (notables ambos) sobre Truman Capote. ¿Seguimos?
Esta obsesión por la duplicidad, fruto sin duda del espionaje industrial, de la rivalidad depredadora de las productoras, se ha cebado esta temporada con la dulce Blancanieves. Hace unos meses aterrizó la versión del exótico Tarsem Singh, tan estilizada como discutible, y ahora nos llega la del debutante Rupert Sanders, menos pretenciosa en cuanto a estilo pero bastante más gustosa en tanto que cinta de aventuras de corte tradicional: Sanders podrá no ser un cineasta creativo, pero es un aceptable Richard Thorpe de la era digital. La película respeta las líneas maestras del popular cuento, aunque nos las sirve con un “aggiornamento” comprensible, ahí donde los hermanos Grimm conviven con Tolkien. Si bien algunos momentos tienen un aire de anuncio de perfume (la rosa en la nieve del principio, las gotas de sangre), su estética no aparece afectada ni siquiera en los hermosos pasajes del bosque de las hadas. Y en lo tocante a las muy publicitadas presencias de Kristen Stewart y Charlize Theron, nada que objetar: ambas están en su punto adecuado, exhalan sensualidad y ternura (Kristen) y sensualidad y maldad (Charlize) a granel. El clímax de los dos besos y la dreyeriana resurrección es todo un puntazo. Eso sí: Walt Disney puede seguir durmiendo tranquilo, porque su “Blancanieves” permanece imbatible. Veremos si Pablo Berger, con su osada aproximación silente y blanquinegra, logra hacerle toser en su tumba.(FOTOGRAMAS).



......Escenarios naturales fantásticos se prestan a ensalzar un espléndido diseño de producción, en un montante embriagador en sus claroscuros y que define un mundo en el que el amor sana y el odio pudre lo que alcanza ─como siempre, pero más─, un tentador microuniverso deliciosamente cálido y pérfido a un tiempo. Semejante cuidado salva los escasos atascos narrativos de la trama, que tiene en una homicida Charlize Theron y un doblemente increíble elenco de enanos ─por acumulación de talentos y por el trabajo del departamento de caracterización─ sus mejores valores humanos; Kristen Stewart, tan sosaina como es habitual, se constata como mero reclamo mecánico para las masas teen, mientras que un tarugo Chris Hemsworth se limita a lucir corpachón resultando tan simpático como el Thor que le ha dado fama. Dos Blancanieves, dos aciertos. Vamos bien.(LA BUTACA).
Calificación: 7/10

viernes, 25 de mayo de 2012

LOS NIÑOS SALVAJES




Película: Los niños salvajes. Título original: Els nens salvatges. Dirección:Patricia Ferreira. Países: España y FranciaAño: 2012. Duración: 97 min.Género: DramaInterpretación: Marina Comas (Oki), Albert Baró (Gabi),Àlex Monner (Àlex), Aina Clotet (Julia), Clara Segura (Laura), Ana Fernández (Rosa), José Luis García Pérez (Antonio), Emma Vilarassau (directora), Francesc Orella (Ángel), Montse Germán (Elisa), Marc Rodríguez (Vicenç). Guion:Patricia Ferreira y Virginia Yagüe. Producción: Miriam Porté. Música: Pablo Cervantes.Fotografía: Sergi Gallardo. Montaje: Antonio Frutos. Diseño de producción: Irene Montcada. Vestuario: Marta Wazinger. Distribuidora: Alta ClassicsEstreno en España:25 Mayo 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.



En “Los niños salvajes” conocemos a Álex, Gabi y Oki, tres adolescentes que viven en una gran ciudad. Son unos desconocidos para sus padres, para sus profesores y para ellos mismos. ¿Qué pasaría si pudiéramos saber lo que están pensando y lo que querrían hacer? Su aislamiento emocional, llevado al extremo, tendrá consecuencias inesperadas.


Más allá de la ligera, pero punzante impresión de que en España llegamos siempre un poco tarde a cierto tipo de cine, Els nens salvatgespropone un intento de reflexión social en voz alta, muy de suplemento dominical, pero sin desvincularse del melodrama, tal vez en busca de un público oculto para las salas de cine que sí existe en televisión. Estamos ante un realismo cercano, pero de poca calle, masticado, nada improvisado, mucho más cercano a la catalana Tapas que a la francesaLa clase, con trazas de telefilme, pero, por fortuna, con las miras más altas, sobre todo gracias a su estructura. El interés por ofrecer algo diferente (buenas intenciones, dirán algunos) en un instituto, ese escenario-trampa, que aplasta de prejuicios al espectador, realza el trabajo de la solvente Patricia Ferreira (a la vez que lo emparenta con otras fórmulas novedosas, como el filme Blog, de Elena Trapé).
El armazón en flashbacks desde la comisaría, unido a cierto gusto por la intensidad actoral, pone el acento en el thriller, que, sin llegar a serlo, desvía a veces la atención sobre su esencia: no es un filme sobre adolescentes perdidos, sino una advertencia colectiva a los adultos, más perdidos todavía. Quizá por eso se diluyen, entre botellones agresivos y noches de fuga, las elocuentes escenas de sala de profesores y la sociológicamente interesantísima elección del idioma en el que hablan los personajes de esta Catalunya real, enmarcada en esta sociedad global en la que las correrías por el Louvre de Jules y Jim se han convertido en una noche loca de helado y carritos de la compra en un centro comercial. (CINEMANIA.




.......Interesante mirada al mundo adolescente actual de Patricia Ferreira, que coescribe el guión con Virgina Yagüe. La estructura del libreto se revela inteligente, pues nos hace preguntarnos qué les ha ocurrido a los tres adolescentes protagonistas, lo que añade a la radiografía social un punto de intriga. El film pone sobre el tapete cuestiones muy interesante cómo la educación en las aulas, y la relación entre padres e hijos, cuestión generacional que se complica por la crisis galopante y las frustraciones de los adultos, que carecen de unos ideales lo suficientemente consistentes para que se constituyan en valioso legado para sus hijos.
Es cierto que el desenlace se antoja un golpe de efecto excesivo, aunque tiene la ventaja de la sorpresa capaz de noquear al espectador. Y el personaje del profesor cafre está demasiado cercano a la caricatura. Pero salvados estos defectos tenemos un buen cuadro de esos “niños salvajes”, a los que se les arrebata la inocencia y la ilusión demasiado pronto: el punto de vista del film viene a ser que, antes de culpabilizar a los chicos, lo adultos deben preguntarse qué están haciendo por ellos, aparte de condenarles de antemano al fracaso.
Ferreira maneja bien la cámara en mano, y logra el ritmo que demanda la historia, con momentos para el reposo, a la orilla del mar, y otros dinámicos, como la invasión del centro comercial a ritmo de rap. Los tres chicos protagonistas, Àlex Monner, Albert Baró y Marina Comas, están muy bien, y los adultos, decididamente secundarios, apoyan perfectamente, con mención especial para Ana Fernández, que tiene una escena con la orientadora donde demuestra lo gran actriz que es.(DE CINE 21).



De sólida formación periodística, muy centrada en el mundo del cine, Patricia Ferreira parece haber contagiado su breve obra como realizadora de esta base profesional, otorgando a sus películas, por una parte, unos guiones férreos, sólidos, robustos, prestos a complicarse con sensatez y orden y sin exhibicionismos, y, por otra, unas historias siempre enmarcadas en grandes temas/preocupaciones sociales, carne de periodismo: la pérdida de los seres queridos, el sida, la vejez...
Ahora le toca el turno a los adolescentes, y, de nuevo, con una mujer como protagonista del relato, el incómodo personaje que la joven Marina Comas interpreta con tanta convicción y desparpajo como en 'Pa negre' (2010), de Agustí Villaronga. El esquema narrativo recuerda a 'Rashomon' (Akira Kurosawa, 1950) con gotas de 'Elephant' (Gus Van Sant, 2003), una emblemática cinta con la que esta también comparte un mismo escenario. Se trata de un polvorín a punto de estallar en el que los idiomas (catalán, castellano) se combinan de una manera realista, actual, en boca de unos actores que, como también es marca y orgullo de Ferreira, están escogidos a medida y dirigidos al milímetro. Naturalidad por encima de todo. Y vida.(FOTOGRAMAS).

viernes, 18 de mayo de 2012

PROFESOR LAZHAR




Película: Profesor Lazhar. Título original: Monsieur Lazhar. Dirección:Philippe Falardeau. País: CanadáAño: 2011. Duración: 94 min. Género:Comedia dramáticaInterpretación: Mohamed Fellag (Bachir Lazhar), Sophie Nélisse (Alice), Émilien Néron (Simon), Danielle Proulx (Srta. Vaillancourt), Brigitte Poupart (Claire), Vincent Millard (Victor). Guion:Philippe Falardeau; basado en la obra de Evelyne de la Chenelière. Producción: Luc Déry y Kim McCraw. Música: Martin Léon. Fotografía: Ronald Plante. Montaje: Stéphane Lafleur. Diseño de producción: Emmanuel Fréchette. Vestuario: Francesca Chamberland. Distribuidora: A Contracorriente FilmsEstreno en Canadá: 28 Octubre 2011. Estreno en España: 18 Mayo 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


Bachir Lazhar, de 55 años y origen argelino, es contratado como sustituto de un maestro de primaria que ha muerto en trágicas circunstancias en una escuela de Montreal. El carisma y la forma muy particular de enseñar del profesor Lazhar resultarán fundamentales para sacar adelante el curso y cambiar la vida de sus jóvenes alumnos.


Profesor Lazhar, una gran película que habla de la superación de la pérdida sin tragedia gratuita, respetando al espectador. Imprescindible.
Siempre digo que no me gustan las películas con niños. Principalmente porque los niños suelen ser tratados en el cine como muchas veces los trata la sociedad, como si más que niños fueran animales de compañía, muñecos de peluche o adornos para sacarse una foto en el jardín. Cualquier cosa antes que simplemente lo que son: personas en la primera etapa de su vida. Personas completas. Inocentes o no. Simpáticos o no. Divertidos o no. Como cualquier otra persona en cualquier otra etapa de su vida.
Profesor Lazhar me ha confirmado que lo que no me gustan no son las películas con niños, sino las películas que reducen la infancia a una etiqueta, o las películas con niños repelentes, resabiados, esas estrellas en miniatura que de repente te hacen recordar al Pewee Herman de la película de Tim Burton… y son una especie de monstruitos intragables.
Por el contrario, cuando los niños son como los que arrancan la trama de Profesor Lazhar, dignos, inteligentes, entrañables e incluso divertidos, pero divertidos no como animales de compañía o trofeos sociales para sus padres, sino como personas de talento capaces de mirar la vida con una socarronería que muchos pensarían no es muy natural para su edad. En realidad sí es natural, porque hay niños más socarrones que otros, y lo de la inocencia infantil está sobrevalorado por el melodrama barato y facilón, cualquiera que haya tratado con niños lo sabe.
La alianza de esa naturalidad de comportamiento y esa socarronería de personajes infantiles completos, no mutilados por los tópicos sociales sobre la infancia que vemos en el patio del colegio al principio, junto con ese descubrimiento que introduce el caos de lo terrible en su mundo cotidiano más o menos ordenado, es un buen punto de arranque para atrapar al espectador. Ese plano del niño que va a buscar ayuda, o mejor a contar lo que ha visto, y se pierde en el pasillo, al otro lado de una puerta abierta. Ese plano que se mantiene y nos echa encima toda la tensión de no saber qué va a ocurrir a continuación, es un excelente principio para engancharnos a esta historia.
Y no es una historia fácil. Aunque el director se las ingenia para que sus momentos difíciles transcurran sin el histrionismo del melodrama, con una fluidez marcada por la música que hace esa dificultad al mismo tiempo más cercana y menos insoportable para el público. El encadenado de la declaración de Lazhar en el tribunal y la secuencia siguiente en la que abre esa caja de cartón triste de los recuerdos de un pasado consumido brutalmente es uno de los momentos más duros de la historia, pero perfectamente soportable por el público, porque no está trabajando audiovisualmente sobre el histrionismo, sino sobre una demoledora naturalidad que nos recuerda al mismo tiempo que no vivimos en una idealista fantasía de Hollywood, que los momentos duros existen, que la pérdida es una constante en nuestras vidas, a distintos niveles, y que todo es, por terrible que resulte, es habitual, cotidiano.
El tema de la película es la pérdida y aún más la recuperación de esa pérdida. Dicho tema nos llega con una elegancia sutil y fluida que se aparta de la inverosimilitud de las fórmulas del melodrama para abrazar las del drama sin cargar las tintas más de lo imprescindible en lo que se refiere a la tragedia de los personajes. Porque el tema de la película es más la recuperación que la propia pérdida. Una recuperación expresada en pequeños detalles. Como ese sello para calificar trabajos de alumnos que Lazhar recupera del pasado, de su esposa, o ese momento en el que vuelve a bailar, o el detalle del niño que vuelve a gastar bromas con el sombrero de su compañero… Pequeños rasgos que nos preparan para ese tercer acto de la historia en una película que tiene como principal arma una demoledora sencillez capaz de desarmarnos.
Esa cercana naturalidad es lo que nos conquista como espectadores en esta película donde se nos habla también de la violencia. Tal como explica una frase de diálogo de Lazhar cuando intenta defender la expresión violenta de una alumna en una redacción sobre el asunto con el que arranca la película: “Es la vida lo que es violento. No el texto”.
En un remanso de supuesta paz, la violencia no ha desaparecido. Está en la soterrada xenofobia que los educados padres de una de sus alumnas utilizan con supuesta elegancia contra Lazhar como medio para imponerse en la habitual pugna entre padres y profesores.
Además, se plantean otros temas que inevitablemente están en el debate de la educación, y de cómo ha cambiado la educación. Del miedo de los profesores a salirse de las normas en el trato con los alumnos, expresado por el profesor de gimnasia (tan astuta y bien definido por su silbato): “Hoy se trabaja con los niños igual que con los residuos radiactivos. Manos fuera o te vas a quemar (…) Intenta enseñarles en el caballo con arcos sin tocarlos”.
Mención especial merece la forma sencilla de contar su historia de esta película que en poco más de hora y media mueve a sus personajes por un amplio abanico de asuntos, algunos de ellos, como el pasado de Lazhar, solucionados de manera eficaz en tan sólo dos o tres secuencias (la cita con el abogado, la declaración ante al tribunal, la apertura de la caja de cartón).
Finalmente, la película da una lección magistral sobre lo que es o debe ser un aula, cualquier aula, con cualquier tipo de alumnos, sin importar la materia que se imparta en la misma, ni la edad o procedencia de los que allí estudian. Al menos eso es lo que pensamos muchos que nos dedicamos a dar clase. Lazhar les dice a sus alumnos: “Un aula es un lugar para la amistad, el trabajo y la cortesía. Un lugar lleno de vida al que le dedicas tu vida y en el que te dan su vida”.
Los profesores aprendemos tanto de los alumnos como nos gusta pensar que los alumnos aprenden de nosotros, independientemente de si somos capaces de enseñarles algo o no.
Y ese espíritu del ideal de lo que debería ser la enseñanza está muy bien reflejado en esta película que consigue ganarse al espectador desde su sencillez y su sinceridad. Sin trucos, sin trampas.
Como se debería tratar a los niños: con el respeto que merecen como seres humanos capaces de pensar. El mismo respeto con el que trata a sus espectadores esta película.( REVISTA ACCIÓN).


Desconozco la pieza teatral que sirve de base a esta película absorbente, pero qué duda cabe que los mimbres con que parece hecha no pueden ser más pertinentes: integración cultural, social y laboral de personas de otras culturas, choques que ocasiona dicha integración, responsabilidad de una sociedad avanzada en la preservación de oportunidades en una situación económica cada vez más compleja: ahí es nada.
Y de todo esto va 'Profesor Lazhar', una película considerablemente audaz, que concede protagonismo no a un inmigrante magrebí pobre, sino a un maestro de escuela; y que condensa en el aula de clase de una escuela canadiense todas las contradicciones de una sociedad permeable y compleja.
Concebida para hacer pensar, pero sin ocultar también que lo hace a partir de los sentimientos, la película que ha dirigido Philippe Falardeau sirve igualmente para hacernos ver que, detrás de un inmigrante, hay todo un mundo, unas contradicciones no menores que las nuestras: el poderoso peso de una historia personal, duros traumas incluidos. Hábil para pulsar las más finas cuerdas emotivas (ahí es nada enfrentar a la infancia con la muerte), la mezcla de drama y sonrisas de este film lo hacen particularmente apto para públicos variopintos.(FOTOGRAMAS).




......Partiendo de una obra teatral escrita por Evelyne de la Chenelière concebida, curiosamente, como un monólogo para un sólo personaje, Falardeau logra con este filme toda un ejercicio de inteligencia para trazar con muy pocos elementos y de forma harto sutil un puñal que ataca a la razón, un filme que juega con habilidad a mostrar sin juzgar para que el público pueda interpretar su propia lección y que, a medio camino del drama y la comedia, resume sin salir del recinto de una escuela y con humildad una variada ración de temas y contradicciones a las que regresar después de los créditos, algo que no es óbice para que lejos de ser una producción moralista e intencionada a mayor gloria de un profesor en apuros con el resto del mundo al fondo, léase ese 'Katmandú' de Iciar Bollain, este logre extraer una brillante interpretación de todos sus jóvenes intérpretes capaz de arrebatar el corazón, capaz de que luzcan como aquello que son en realidad, como niños... pero de carne y hueso, que no de película. 

Y es que 'Profesor Lazhar' es una película que luce como la vida misma, con sus pros y sus contras, y cuya lección resulta mucho más estimulante que la del Carpe Diem de John Keating por una sencilla razón, aquí nadie se levanta al final para gritar ¡Oh Capitán, mi capitán!, aquí nadie te da una respuesta concluyente que no sea que las verdades hay que buscarlas ahí fuera, y si acaso la de poner punto final a su argumento como compromiso narrativo y emocional para con el espectador. No. Aquí por no haber no hay casi ni música que, como decía el Jim Carrey de 'Un loco a domicilio', hacía que las películas siempre fueran mejores que la realidad... ¿y lo son? Puede ser, supongo, dependerá del grado de manipulación del que guste cada uno.(EL SEPTIMO ARTE).

Nota: 7.25


Lo Mejor
- Su buena caligrafía

Lo Peor
- La frialdad de sus emociones

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO

PROXIMO ESTRENO